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Juventus – Real Madrid, capítulo final (balance de temporada)

Eduardo Biscayart

Eduardo Biscayart

Como a una buena novela policial, o de suspenso (suspense dirían en España), a la temporada europea solo le falta el desenlace

La campaña ha sido hasta ahora irreprochable y quizás justa. El tramo restante será escrito en medio de un fuerte contraste. Su escenario será una ciudad enigmática y con poca estirpe futbolera, Cardiff, mientras que los protagonistas serán inobjetables: los mejores equipos de la temporada, o sea Juventus y Real Madrid.

El Real Madrid ganó la difícil carrera de la regularidad que supone la Liga de España. El simple hecho de marcar en todos los partidos, sumado al inmejorable trabajo de preparación y distribución de minutos de Zinedine Zidane, amparado en un plantel sumamente versátil y lleno de calidad y futuro, hicieron que el cetro de la Primera División volviera a las vitrinas del club de Chamartín tras cinco años de ausencia.

Al cabo de su primera temporada completa al frente de los blancos, aunque manejándose cual si fuera un preparador experto, Zidane reguló magistralmente los tiempos de su equipo para llegar al cierre en excelente forma, esquivando el gafe que últimamente venía suponiendo el Mundial de Clubes. Ahora, los blancos tienen a tiro otra cita con la historia: retener la Champions, algo inédito y esquivo desde 1989-90, ganar la duodécima y alcanzar el doblete Liga-Champions, ausente en el Bernabéu desde 1958.

El Madrid fue mejor que el Barça en la Liga. Por momentos solo el Sevilla pareció estar a la altura de los grandes, mientras duró la motivación de Sampaoli. El Atlético padeció el desgaste de los esforzados años de Simeone, la resaca de la final de Champions perdida en San Siro y el poco aporte de los refuerzos (fallidos en su mayoría). Sin lograr elevar su juego y sintiendo la ausencia de un 9 de importancia, esencial para el estilo colchonero, el Cholo vivió la temporada más dura desde su llegada al Manzanares, tras la Navidad de 2011. Aún así, pese a todas sus carencias, el Atlético alcanzó las semifinales de Champions y Copa del Rey. En Liga tuvo poco que decir, más allá del enorme mérito que supone ubicarse nuevamente en el podio.

 

El Barcelona cierra el capítulo Luis Enrique, también al cabo de la temporada más difícil para su entrenador. El asturiano sucumbió en la Liga, donde padeció la carencia de variantes que sí tuvieron los merengues. Achaco esa falla al desgaste que quizás supone la difícil gestión del vestuario azulgrana, como en su momento lo expuso Pep Guardiola, al irse del club, en 2012, también al cabo de un título de Liga del Madrid.

Asimismo, coincidiendo otra vez con el mítico entrenador catalán, Luis Enrique se despidió alzando la Copa del Rey en el Calderón. La extrema dependencia del tridente, sumada al peso de las pocas variantes exhibidas en momentos decisivos (tácticas, de futbolistas), hicieron del Barça un equipo de extremos. Capaz de dar partidos muy negativos que tuvieron profundo impacto: Balaídos, Parque de los Príncipes, Juventus Stadium, Riazor, La Rosaleda. O de brindar fuertes emociones: remontada ante PSG, victoria agónica en el Bernabéu, final de Copa ante Alavés.

La carencia de equilibrio maniató a los azulgranas, plasmando una temporada con sabor a poco, dejando un panorama donde los refuerzos deberán mejorar a un plantel que no fue bien gestionado (debilitado enfáticamente con la partida de Dani Alves). El sucesor de Luis Enrique, Ernesto Valverde, tendrá el gran desafío de hacer renacer a esta dinastía que supone el Barça de Messi. Mientras que el Madrid sólo necesita hacer retoques, el Barça debe mover sus piezas de un modo muy certero para iniciar otra reconstrucción.

Los méritos merengues

 

Sin alcanzar picos de fútbol brillante, y a menudo salvado in extremis, la temporada del Real Madrid fue la antítesis de la del Barça. El equilibrio de gestión fue casi un emblema para los blancos.

Zidane resultó ser el verdadero líder, contrastando con Luis Enrique desde la calma de la sala de prensa, donde la perenne sonrisa del francés pareció no desdibujarse nunca. Zizou mandó desde lo táctico, afirmado en la insustituible presencia de Casemiro que marca su sello (y su triunfo sobre el palco que siempre pide nombres por sobre rendimiento), hasta en la gestión de un amplio plantel, donde la segunda unidad (que contiene futbolistas de enorme calidad, como Nacho, Isco, James, Lucas Vázquez, Asensio o Morata) marcó diferencia sobre sus rivales.

Además convenció a Cristiano Ronaldo de que debe dosificarse, levantó a Benzema del golpe de su proceso judicial, supo lidiar con los egos, se sobrepuso a las múltiples ausencias de Bale y afirmó las virtudes de Ramos, Casemiro, Carvajal y Marcelo – estos últimos vitales por su aporte táctico como generadores de fútbol cuando el equipo se vio eclipsado por sus rivales.

Si la campaña hacia la duodécima resultó algo “plácida”, el camino hacia Cardiff ha planteado obstáculos mucho más complejos, sobre todo en el Bayern y el Atlético de Madrid. Allí el Madrid demostró su clase.

Más allá del título del Madrid, y como colofón a la Liga, nos quedan los 37 goles de Messi, capaces de levantar a un Barcelona por momentos perdido y de ponerle emoción al final de la Liga con su épica actuación (una más) en el Clásico del Bernabéu. En lo más alto de la columna del debe se sitúan las dudas del arbitraje, que en esta temporada cobraron un protagonismo tan importante como negativo.

La hidalga Signora

Como era de esperarse, la temporada siguiente comenzó con dudas. La Juve firmó su peor inicio en la Serie A en décadas. Al llegar a la sexta jornada Juventus era decimoquinta con cinco puntos. Tras la décima jornada era duodécima con 12 puntos, a 11 del líder, Roma. Sin embargo al cumplirse la mitad del torneo la Signora ya era segunda, a dos unidades del Napoli. Luego de la fecha 36, y al cabo de una marcha frenética, la Juventus lograba su quinto scudetto consecutivo a dos fechas del final, perfilando lo que sería la siguiente campaña y marcando el renacer de Massimiliano Allegri. Con un plantel con bajas y en reconstrucción, los bianconeri solo llegarían hasta los octavos de la Champions, donde caerían ante el Bayern, en la agonía de la prórroga.

Si en 2014/15 Allegri logró alcanzar la final de Berlín, rozando la gloria europea ausente en la era de Antonio Conte, la temporada siguiente el preparador nacido en Livorno (Toscana) se vio ante el abismo de quienes pedían su cabeza tras un inicio de campaña decepcionante. Pero allí emergió la fortaleza de Allegri, así también como la de sus jugadores y dirigentes. La paciencia de entonces resultó un factor clave en este presente.

En el verano de 2016 llegaría otro ajuste decisivo. Paul Pogba resultaba la pieza valiosa que sería sacrificada en un mercado dispuesto a pagar grande sumas. El francés se fue al Manchester United a cambio de 105 millones de euros. Álvaro Morata regresó a Real Madrid por 30 millones. En total, la Juve ingresó casi 155 millones en transferencias y gastaría casi 161 en fichajes. Las llegadas más importantes serían las de Gonzalo Higuaín (90 millones), Miralem Pjanić (32 millones) y Dani Alves (libre).

Gracias también al “market pool” que la UEFA entrega por la proporción de televidentes en cada país (donde la Juve se lleva una suma jugosa), la bien administrada Signora contaba con recursos económicos importantes para pelear con los grandes de Europa, pese a la depresión que vive la Serie A en estas épocas. Gracias a esos elementos, la Juve recuperó la capacidad de mercado (y la estabilidad institucional) que tenía en sus tiempos de oro previos al escándalo que la llevó al descenso en 2006.

Los dirigentes de peso en la Juve (Andrea Agnelli, Giuseppe Marotta, Pavel Nedvěd), junto con Allegri, hicieron cálculos y entendieron que el equipo necesitaba el poder goleador de Higuaín, que venía de marcar 36 goles en Serie A con el Napoli, implantando un récord histórico para el torneo. Pese a que el Pipita nunca se destacó en Champions y ha fallado en momentos importantes con su selección, la Juve creyó en él y no en Morata.

Pjanić, llegado de la Roma, aportaría la conducción y el toque en el medio que en su época brindaba Pirlo. Alves, “birlado” al Barcelona, entregaría su riqueza y desparpajo en la banda derecha. Todos estos hombres, al igual que Cuadrado, Mandžukić, Khedira, los veteranos (Buffon, Barzagli, Bonucci, Chiellini), más los jóvenes (Alex Sandro, Dybala), sintetizaban una mezcla de hambre de gloria y sed de revancha. Con esos elementos comenzó la campaña juventina.

Sin rivales en Italia, su campaña en Europa se ha sustentado en la solidez defensiva (solo tres tantos en contra en 12 partidos), la firmeza táctica y la explosión de piezas vitales como Dybala, Alves o Higuaín. Mientras la columna defensiva sostenga al equipo, siempre aparecerá alguien para marcar diferencias, cosa que se vio en el camino hacia la final ante el Porto, el Barcelona o el talentoso Mónaco.

¿Podrá la Juventus frenar al campeón y tomarse revancha de las finales perdidas?

El partido de Cardiff mezcla varios ingredientes importantes:

– Contraste de estilos; defensa contra ataque.

– Duelo con historia; antecedente de la final de 1998.

– Choques de ex (Zidane, Morata; Khedira, Higuaín).

Luego, ¿jugará Isco? ¿Será la hora de Bale ante su gente, pese a la baja desde su lesión en el Clásico? ¿Saldrá la Juve con defensa de tres o de cuatro? ¿Quiénes prevalecerán en el decisivo choque en las bandas, Carvajal y Marcelo o Alves y Alex Sandro?

Más allá de esos interrogantes puntuales que se responderán el sábado, el Real Madrid más eficiente de los últimos años (quizás décadas) se posa ante la historia al enfrentarse a un rival de toda la vida. Juventus, a su vez es un canto a la táctica, el trabajo y la eficiencia, elementos que sin duda se ven reflejados hoy en Zidane, decisivamente marcado en la gestión y la táctica por los cinco años vividos en la Juve de fin del siglo pasado.

Si ganara el Madrid, aparte de llegar a la duodécima Copa, podría comenzar una trazar una fuerte dinastía, encumbrar aún más a Cristiano Ronaldo y solidificar la ya impactante figura de Zidane. Si la Juventus se quedara con la ansiada ‘orejona’, elevaría a Dybala hacia el trono de los grandes, colocaría a Buffon a la altura de los mitos, anularía 19 años de frustraciones europeas y consagraría el manejo de Allegri.

Cada tanto, las finales de Champions, que quedan en la historia más allá de su belleza, suelen entregarnos partidos especiales, de esos que marcan el futuro o definen una época. Pese a su clima gris y destemplado, o su falta de tradición, Cardiff nos brindará un partido especial. Real Madrid busca la duodécima, lo que lo dejaría a cinco títulos del segundo equipo más ganador. Juventus quiere convertirse en el noveno equipo en alcanzar el codiciado trébol europeo. Será una noche mágica, donde el que se quede con el trofeo ganará mucho más que una copa.